Un “mar
de nubes” del que sobresalían algunos picachos a modo de
islas, bajo un cielo azul recién estrenado ese día, y
al fondo, la cadena Pirenaica. Ese era el fantastico espectáculo
que hizo despertar a los adormilados pasajeros del autobús, al
pasar por el puerto de Monrepos.
Poco después, tras una paradita para desayunar, llegábamos
a Canfranc con buena meteorología y muchas ganas de emprender
la travesía que nos habíamos propuesto. Comenzamos a caminar
por un sendero que atravesando un frondoso bosque, pintado de mil colores
otoñales, nos hacia ganar altura casi sin darnos cuenta.
El abigarrado grupo de montañeras y montañeros alcanzó
la cabaña de la Majada de Gabardito, aprovechando el lugar para
tomar aliento y reagruparse. Continuamos la marcha atravesando un pinar
“alfombrado” de Robellones que, muy a nuestro pesar, debimos
de dejar sin tocar ya que hoy nuestro cometido no era el de recolectar
setas precisamente. Entusiasmados por la marcha y el paisaje pirenaico
fuimos dejando atrás, bosques y prados, luego fue la roca desnuda,
la que nos acompaño hasta el punto culminante de la excursión
situado en el “Paso del Sarrio”, pequeño collado
al que llegamos, tras superar mil doscientos metros de desnivel. Las
vistas desde allí, alcanzaban una amplia porción del Pirineo
Oscense, destacando al Norte la silueta del Midi O’ssau.
Emprendimos el descenso por un terreno un poco complicado, ladeando
por una especie de corredor muy espectacular hasta llegar a una pequeña
cabaña, donde paramos a almorzar. De nuevo, compartiendo un fugaz
almuerzo se hizo notar el cordial ambiente en el grupo.
Para terminar, todavía nos quedaba un largo descenso por el zigzagueante
sendero para alcanzar Canfranc Estación, allá en el fondo
del valle.