Grupo Montaña MUSKARIA
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Ascensión al Pico Behorlegui

20 de enero de 2007

 

El pico Behorlegui es uno de esos sitios a los que tu madre no te dejaría ir si viese una fotografía tomada desde la carretera que lleva de Sant Jean de Pie de Port hacia Mendive. Se trata de una montaña pequeña (1262 mts.) pero con un aspecto afilado, puntiagudo, como si en su cumbre cupiesen sólo dos o tres personas y muy juntas.

Pero como ocurre a menudo en la montaña, el león no era tan fiero como aparentaba y las cincuenta y ocho personas que acudimos casi en tropel compartimos unos tragos de vino y algo de comida entre las rocas calcáreas que coronaban la cresta del pico.

Dejamos atrás el pueblo.a
Atravesando un precioso hayedo.

 El aspecto piramidal se había ido dulcificando conforme atravesábamos los bosques de robles viejos, con sus troncos revestidos de musgo y las ramas desnudas de hojas. Finalmente, la cresta nos ofreció un perfil menos amenazador y el esfuerzo de acercarnos a su base acabó por concedernos la recompensa de un camino evidente y fácil.

Llegar a la cumbre no era sólo un objetivo para nosotros, tal vez esa cumbre agreste y bella fuese sólo una excusa para visitar esa zona de Francia que los propios lugareños siguen llamando Navarra, la Baja Navarra, la Basse Navarre, la Behe Nafarroa, un paisaje suave y ondulado, salpicado de caseríos y de pueblos de piedra con las paredes encaladas en blanco y un familiar aire de vecindad con los pueblos que están al otro lado de la frontera, Valcarlos, Burguete, Espinal…

Tal vez esa cumbre fuese sólo una bonita excusa para asomarnos al mirador que nos ofrecía una panorámica sobre otros picos franceses que nos resultan algo más exóticos por desconocidos que aquellos que también podían divisarse y que ya hemos subido en otras ocasiones: El Anie, la Mesa de los Tres Reyes (la mayor altura de Navarra), el Orhy (el primer dos mil del Pirineo), el Petrechema y tantos más.

Por último, destacar algunos detalles que hicieron que esta ascensión fuese especial para todos aquellos que estuvimos; un comienzo algo surrealista cuando los sorprendidos y recelosos montañeses vieron cómo un pequeño batallón multicolor de cincuenta y tantos atravesaba sus pastos y saltaba sus cercas de espino en busca del inicio de un camino un tanto esquivo.

Después una visión desde la cima de un fuego y un humo inmensos haciendo el mismo recorrido que nosotros habíamos seguido poco antes. Una visión aterradora de no ser porque el fuego era provocado y controlado por los lugareños al quemar los helechales para abonar los pastos del próximo verano.

El bosque invernal  nos ofrece un grandioso espectáculo.a
La ascensión continúa por prados y terrenos pedregosos en un magnifico día.

Úlitmas rampas antes de la cima.a

¡Ya falta menos!
Cima del Behorlegi.a
El grupo en la cima.
En el descenso.
Continuamos por el sendero, con una gran humarera de fondo motivada por quema de pastos.
Bucólica imagen de una borda  en medio del paisaje.
Finalizamos el descenso, volviendo a atravesar el bosque.
Por último, después de la invasión y del fuego (aquello se iba pareciendo a la batalla por la liberación de Francia en la II Guerra Mundial), una bajada en desbandada, en pequeños grupos, en la que se quiso descender por otra vertiente para apreciar más el bosque, para perderse por esos caminos intrincados y para practicar esas virtudes tan sanas como son: Conocer mejor a los muchos Arguedanos que van apuntándose a las excursiones mes tras mes, orientarse sin GPS a la antigua usanza, tirando de intuición. Practicar el sano ejercicio de chapurrear un idioma desconocido para confraternizar con personajes pintorescos y preguntar qué carretera lleva al pueblo donde el autobús espera, comentar todas estas incidencias entre bromas y chistes y compartir las pequeñas aventuras que este deporte, por no llamarlo forma de vida, nos ofrece.