Travesía por la sierra
del Toloño.
11 de marzo de 2006
El día no invitaba precisamente
a internarse en esos bosques, metidos en la densa niebla y bajo una
intensa lluvia. “Estáis locos”, ¡con lo bien
que se tiene que estar en la cama!, nos decía el conductor del
autobús. Bueno, tal vez sea verdad, pero tenemos “el gusanillo”
tan metido, que no estamos dispuestos a volvernos sin hacer nada.
Se adivina entre los jirones de niebla, la belleza de estas sierras
tan entrañables, y nos importa poco la lluvia que por otra parte,
cuando te acostumbras a ella, te das cuenta que no impide para nada
nuestra actividad. “Caminar bajo la lluvia” por estos bosques,
es también una bella experiencia, de la que un montañero
sabe disfrutar.
Poco a poco, superando pequeños problemas de orientación,
lógicos dadas las bajas condiciones de visibilidad, ascendimos
en primer lugar por bosques de hayas, pinos y encinas, al "Peña
Colorada", para desde este pico llegar al vértice de Toloño
y después al Toloño. La lluvia no cesaba, pero la belleza
del recorrido compensaba el esfuerzo.
Tras la parada para el almuerzo, corta, dado el frío ambiente,
tocaba el descenso hacia el pueblo de Labastida. Al poco nos encontramos
con las ruinas del Santuario, lástima que nadie se preocupara
en su momento de su conservación. Un edificio que seguro era
de gran belleza y riqueza monumental, hoy no es más que un montón
de piedras en difícil equilibrio.
Continuamos descendiendo entre las encinas, en un terreno que se adivinaba
de gran riqueza cinegética, para llegar al área de esparcimiento
de San Ginés, y desde allí, ya por carretera asfaltada,
a la bella población de Labastida, donde nos esperaba el autobús.
El comentario general en el viaje de regreso, giraba como es lógico,
sobre la excursión realizada. Las adversas condiciones meteorológicas
no nos habían impedido disfrutar enormemente de la jornada.