GRUPO MONTAÑA MUSKARIA
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LA MESA DE LOS TRES REYES

25 de abril de 2009

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Este año la climatología está alterando todo el calendario previsto. La ascensión a la Mesa era en un principio el 16 de abril, pero como ese día el riesgo de aludes era muy fuerte, se decidió suspenderla para el sábado siguiente.
El pronóstico del tiempo para el sábado 25 de abril era de riesgo moderado de aludes y 100% de lluvia. Vaya, parece que hemos acertado de pleno. Bueno que se le va a hacer, al final treinta montañeros y montañeras nos animamos a realizar la excursión. Conforme nos íbamos acercando a nuestro punto de partida,  la lluvia en Belabarce nos hizo pensar que acabaríamos pasados por agua. Pero por fortuna, en Linza ya no llovía y unos tímidos rayos de sol atravesaban las nubes, augurando una excelente jornada. Iniciamos la ascensión a las 9,30 horas por el marcado sendero que parte del refugio de Linza, pudiendo divisar a nuestra espalda sólo el Chamanchoya. Más al fondo todo eran oscuros nubarrones, cubriendo el Ezcaurre, que no llegamos a divisar en ningún momento. Continuamos la larga ascensión por la loma de Sobrante y al final llegamos al collado de Linza, situado a 1.906 m de altitud. A partir de este punto las raquetas eran totalmente necesarias, la nieve estaba fatal, blanda y húmeda. Una vez llegados al collado,  nos dirigimos hacia la izquierda entrando en la Hoya de la Solana, una amplia extensión nevada. Hasta este momento sólo habían caído cuatro gotas, aunque las nubes parecían que iban a descargar en cualquier momento sobre nosotros. Al acercarnos hacia el collado de Escouste (2.114 m) empezó a soplar viento y la niebla aparecía y desaparecía dejando ver de vez en cuando el Petrechema y las espectaculares Agujas de Ansabere. En la ascensión desde aquí hasta el collado de la Mesa, así como en todas las laderas de mayor pendiente, la subida se hacía penosa por el estado de la nieve que te hacía resbalar. Una vez en el collado de la Mesa, las cosa se pusieron interesantes, empezó a granizar y el viento cada vez más fuerte no te dejaba andar. La ascensión a la cumbre, entre una niebla densa, es de las que recuerdas gratamente. En la cima, unos instantes para hacernos una foto,  y bajando rápidamente. Bastante más abajo, donde ya no soplaba viento, nos comimos el bocadillo y vuelta al refugio, donde algunos, que no habían llegado hasta el final, nos esperaban placidamente sentados alrededor de la estufa de leña. La verdad es que hemos tenido mucha  suerte y el día no ha podido acabar mejor. Hay que agradecer que algunas veces los metereologos se equivocan y el tiempo nos regala días como este.

 

 

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