Unas 50 personas afrontamos la dura subida
al Balcón de Pineta, con la idéa de celebrar por la
tarde un acto de homenaje a nuestros amigos Santiago y Ricardo. Tras
hacer noche en la zona, al día siguiente aprovechamos para
hacer los Astazu, en un cordial ambiente montañero.
Fue un sencillo y emotivo acto, sin excesivo
protocolo del que tan poco amigos somos los montañeros, sin
formalidades, aspavientos ni protagonismos.
Levantamos entre todos una “Puya”, al estilo de las culturas
de aquellas tierras que tanto amaban nuestros amigos, siguiendo un
poco sus ritos; los mensajes escritos, el incienso, el alimento y
la bebida compartidos.... Y en un momento determinado…, una
voz quebrada que intentaba lanzar al viento la lectura de una carta
de despedida, por si acaso ellos pudieran oírla. Palabras húmedas
de llanto que dieron paso a unos minutos de espontáneo silencio
en el que todos, con la mirada gacha, lo único que pudimos
hacer era retener nuestras propias lagrimas, nuestros sentimientos
íntimos de emoción, los recuerdos comunes con los fallecidos
y la rabia contenida por su ausencia.
Santiago y Ricardo.
¡Que duro es despedir a unos amigos que sabes que nunca
volverán!.
En nuestro ánimo ahora está, lo único que podemos
hacer por ellos, mantenerlos vivos en nuestro recuerdo, sabedores
de que la muerte, es el olvido.