En principio no estaba seguro de si tendría compañeros para este fin de semana, y al final ¡¡¡fuimos 8 personas!!!. Imaginaos, en una cresta que no van dos gatos al año, de repente 4 cordadas juntas.
Tras la aproximación desde la Sarra, comenzamos la escalada justo en el frontal de la cresta, por una evidente vira que te deja en el lado Este, al pié de una especie de ancho corredor por donde se sube al filo de la cresta. El estado de la roca en este primer largo, con mucha piedra suelta que dejamos caer irremisiblemente, nos indica de que va ir la cosa en adelante.
El recorrido discurre entre un amontonamiento caótico de rocas sueltas, demasiado sueltas en muchas ocasiones, se ve que esta vía no es tan visitada como su vecina de enfrente, la cresta del diablo, a pesar de su singular belleza y no desmerecer en absoluto.
La verdad es que nos sorprendió en todos los sentidos; pensábamos que se trataría de una cresta fácil y corta, y resulto ser un trabajoso recorrido de unas 8 horas de duración, con largos “cañeros”, e incluso con algunos pasos que están por el IV+ o V. Terreno, desde luego, para quienes estén habituados a las crestas, ya que más que facilidad en el grado técnico de la escalada, lo que hace falta aquí es el “saber estar”, el “sexto sentido montañero” dadas las condiciones de la roca.
Gendarmes, brechas, rápeles, pasos muy aéreos, zonas descompuestas y otras de enormes bloques, paredes..., en fin de todo lo que esperamos encontrar en estos sitios.
Cuando la cresta llega a las laderas del Frondiellas pierde dificultad, pudiendo hacerse la última parte en ensamble o incluso desencordados.
Llegábamos a la cima del pico al terminar el día. Como suele ocurrir, eufóricos por lo conseguido. Abrazos, cuatro risas, fotos, admirar el paisaje y disfrutar un poco de la cumbre conseguida, aunque en esta ocasión, poco tiempo teníamos para ello.
Un mar de nubes cubría toda la comarca de la parte de Francia dejando salir unos pocos picos como si fueran islas, todo esto iluminado con los últimos rayos de luz, tenía una belleza singular, única y efímera, ya que a los pocos minutos la oscuridad era total.
Con la luz del frontal, descendimos por la arista Walón con la intención de encontrar el abrigo Andre Michaud, pero tuvimos que desistir pronto y conformarnos con buscar una zona en donde vivaquear sin más. Eran casi las 12 de la noche, ¡¡¡y nos habíamos levantado a las 5 de la mañana!!!.
En fin, Pirineismo puro y duro.
|