Para los ojos de cualquier amante de la naturaleza, será
seguramente el más bello rincón de todo el Pirineo.
En él, el excursionista encontrara idílicos paisajes,
el montañero fantásticas ascensiones a picos emblemáticos,
y el escalador agujas, crestas y paredes en un entorno único.
Todo un conjunto de singulares maravillas protegidas por la denominación
de Parque Nacional.
Nuestra intención era hacer la cresta del Tuc de Saboredo
desde el valle de Arán, pero el sábado el tiempo estaba
muy malo, llovió durante toda la mañana abundantemente
y un tiempo frio y desapacible se adueño de la comarca. Como
alternativa, continuamos por la carretera hasta llegar a Spot, para
adentrarnos en el Parque y pernoctar en el refugio de Amitges con
la esperanza de que al día siguiente nos dejase hacer algo
más que pasear. Bajo la lluvia, la belleza paisajística
del parque no perdía su encanto, haciéndonos grata
la aproximación al refugio. El agradable ambiente que nos
encontramos en él, lleno de montañeros ávidos
de actividad, nos hizo pasar un buen rato entre risas y tertulias
montañeras.
Al día siguiente, tras la ascensión al Tuc de Saboredo,
un par de rapeles por un estrecho corredor que más parecía
un profundo tajo en la roca, nos dejan en la brecha donde comienza
la cresta que va hasta el puerto de Ratera. La lluvia del día
anterior a mojado tanto la roca que esta impracticable, y un viento
frío nos hiela hasta los huesos al tiempo que nos envuelven
jirones de niebla, avanzadillas de unas negras nubes amenazantes,
que rápidamente, desde el SW, se nos echan encima rozando,
escalando las pétreas agujas de los picos.
Desistimos de nuestras intenciones, y continuamos con los rapeles
por el ancho corredor que desciende desde la brecha. Poco tardamos
en darnos cuenta de que, tal vez, habíamos abandonado demasiado
pronto, pues el tiempo comenzó a mejorar de forma notable
conforme avanzaba la mañana. Pero ya era demasiado tarde,
volver a la cresta y terminarla nos hubiera supuesto un tiempo del
que no disponíamos.
Tras un flanqueo por la base del Pico, nos encaminamos a las “Agüilles
d’Amitges” para ascenderlas por su arista norte. Se
trata de una fácil trepada que nos sirve para “quitarnos
el gusanillo”.
Desde aquí, las vistas sobre el parque son incomparables,
con la mejoría del tiempo, los juegos de luces y sombras
producidos por las nubes y la luz solar sobre los afilados picos
graníticos, brillantes de humedad, las hondonadas, los riachuelos,
los lagos y los bosques, creaban un bucólico paisaje de belleza
indescriptible. Naturaleza agreste, como recién parida por
las convulsiones tectónicas de hace miles de años
que formaron la cadena montañosa.
El regreso por los frondosos bosques que ya empiezan a teñirse
de los colores otoñales y muy ricos en especies micológicas,
fue la despedida del parque y el fin de la inolvidable jornada.