Para ésta segunda ocasión,
llevábamos de todo lo necesario, y menos mal, porque las
siete horas que le marca las referencias, se convirtieron en ¡10
horas el primer día y 4 el segundo!, y las dos horas que
dice que cuesta bajar del Petit Billare, ¡se convirtieron
en 6 horas de dura aventura en un terreno complicado!, para el que
las referencias no dan ninguna indicación clara (como
si dieran por supuesto que se tiene que conocer el terreno)
y además, en medio de una intensa niebla que se nos echó
encima que no nos dejaba ver a tres pasos.
Pase que nosotros seamos muy torpes o lentos..., (seguramente
no tanto) pero la desproporción es evidente.
Las referencias no sirven ni para indicarte donde estas o por donde
tienes que ir..., izquierda, derecha, arriba, abajo, IV, V..., para
cuando te quieres dar cuenta en semejante terreno tan caótico,
ya no sabes donde estás respecto al texto. Toca guardar el
papel y, la vía te la tienes que currar tu enterita.
Para adornar el tema queda el descenso: ¡una línea
le dedica la referencia diciendo “una vez alcanzado el collado
que separa el Billare del Petit Billare”!.... Os aseguro que
alcanzar ese collado, requirió de todo nuestro sentido montañero
al desconocer el terreno y sin visibilidad; Un hito marca el punto
donde, tras un descenso muy expuesto por una empinada canal de resbaladiza
hierba, se asciende a un pequeño collado, desde el que se
inicia una vía de rapeles por un encajonado corredor descendiendo
más de 200 metros, para después ascender por buen
terreno unos 50 metros hasta el collado, por su cara sur, el descenso
al valle se hace por la cara norte, por terreno muy penoso por la
piedra suelta, aunque fácil técnicamente hablando.
Es posible que ésta vía de rapeles, aunque fue una
buena opción, se pueda evitar haciendo un par de ellos directamente
sobre el collado, ya que dado el estado de los cordinos, claramente
no habían sido utilizados desde la época de los hermanos
Ravier, pero en nuestras circunstancias de desconocimiento y falta
de visibilidad fue lo mejor que pudimos encontrar.
Respecto a la vía, pues hubo de todo,
comienza por una empinada vira herbosa muy resbaladiza (eso
de escalar en hierba no está ni en los mejores manuales)
para discurrir luego por un terreno de mala roca muy descompuesta
en el que te lo tienes que pensar dos veces antes de agarrarte a
alguna presa, y en el que muy a menudo te tienes que sujetar de
matojos de hierba o matorrales. Los tramos más verticales,
la roca esta mejor, destacando las empinadas chimeneas del último
tercio de la vía que se desarrollan en una bella escalada
de un claro Vº (por más que los “especialistas”
que hicieron la referencia digan que es IV). Y cuando te parece
que las dificultades han terminado..., más chimeneas.
Un increíble vivac, en un auténtico “nido
de águilas”, con agradable temperatura y un hermoso
cielo estrellado, en medio de un bucólico paisaje de enormes
paredes rocosas, nos sirvió para pasar la noche. Fue de esos
vivacs que quedan en el recuerdo, vivencias únicas e irrepetibles
que solo están al alcance de los “incomprendidos”
escaladores que nos metemos en estos fregaos.
En conjunto yo diría que la vía
no es de las buenas, demasiada hierba, y roca descompuesta, pero
para los amantes como nosotros de la aventura, los recorridos vírgenes
o poco repetidos en alta montaña, los “reinos de
soledad” donde la superación personal se equipara
a la superación de las dificultades en intimas sensaciones,
esta escalada constituye una gran realización.