El vivac se hace obligatorio. Podemos dormir,
si se quiere, a pie de la brecha donde se comienza a escalar y al
día siguiente hacer la cresta en una muy larga y dura jornada.
Pero en nuestro caso, solo disponíamos del fin de semana,
y no estábamos dispuestos a invertir todo el sábado
en las tres horas de la aproximación, dejando toda la labor
para el domingo, de forma que hubiéramos llegado excesivamente
tarde a casa. Por ello, tras el viaje y la aproximación,
comenzamos el cresterío, llegando a dormir al Pico de Alba
y al día siguiente continuamos hasta el collado superior
de Alba, para desde aquí recorrer toda la cresta de las Maladetas.
Desde luego, el recuerdo queda inolvidable.
El sendero comienza pegado al rió, atravesando un espeso
bosque y ganando altura sin descanso hasta que se llega a una zona
más abierta de increíble belleza paisajística.
Pronto dejamos la vegetación para continuar por el laberíntico
caos de rocas por el que llegaremos a la cresta que vamos a recorrer.
Un continuo subir y bajar atravesando “gendarmes”, lajas,
brechas..., largo tras largo, cortos ensambles, paso tras paso.
Al final de la primera jornada, un “hotel
de mil estrellas” a 3.000 metros de altura. Noche de luna
llena que se escondió pronto, dejándonos un cielo
estrellado de increíble belleza. Momentos íntimos
dentro de la funda de vivac, cogiendo el sueño felices, con
el recuerdo de tantos magníficos momentos vividos a lo largo
del día.
El domingo, continuando con
la cresta de Alba y la de las Maladetas, los tresmiles fueron cayendo
uno tras otro; picos de Alba, pico Mir, Le Bondidier, Maladetas...,
en total 12 picos con la categoría de tresmil metros.
Tras coronar el pico Abadias, ultimo tresmil
del recorrido, retornamos hasta el Collado de la Rimaya por donde
emprendimos el regreso al lago de Cregüeña y al coche.
Sección de Alpinismo
G. M. Muskaria