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Al levantarnos, lo primero mirar
hacia nuestro objetivo. Hoy se nos antoja más atractivo todavía,
el fresco amanecer, nos anuncia un día fantástico.
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Una vista sobre los Besiberri desde
algún punto de la cresta.
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En la cuarta aguja es donde la escalada se complica,
comienza con un extraordinario muro vertical, después
un bonito diedro donde practicar la babaresa y para finalizar una escalada
en excelente granito hasta la cima.
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La dificultad, mantenida en el IV grado, no resulta agobiante
en ningún momento.
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El recorrido continua por la quinta aguja, por
terreno mas fácil pero igualmente grandioso.
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Entre las ultimas agujas, el terreno
es una sucesión de gendarmes, fabulosas formas de granito multicolor
que nos felicitan por haber llegado hasta allí, próximos
a la cima del pico Travessani.
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¡Por fin! ¡La cima!...
Amigable abrazo de compañeros triunfantes, suculento almuerzo
(barritas), extasiarse con las vistas sobre los macizos cercanos,
felicitaciones por las dificultades superadas.... y el recuerdo a nuestra
compañera herida, tal vez algún día volvamos con
ella a este paraíso para que viva nuestras mismas sensaciones,
nuestras mismas emociones... ¡Va por ti Ali!.
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En el descenso por el empinado nevero, un último
recorrido visual sobre la cresta.
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Abajo, en el valle, un lago
que no termina de deshelarse, pronto sus aguas invitarán al baño. |
Durante el descenso, el agua en su estado mas salvaje,
mas natural, en forma de torrentes o lagos, compite en belleza con los
altos roquedos, los neveros y las afiladas agujas.
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